Descontrol en la cancha

La firma de Marcela Tornoé

«¡Hijos de puta!… ¡Huecos!». Así, tal como lo escucha, fue recibida la selección panameña de fútbol en territorio guatemalteco el pasado 13 de noviembre. Entre humo e insultos cargados de racismo y homofobia, los futbolistas atravesaron un pasillo plagado de aficionados violentos para iniciar el partido que determinaría si Guatemala clasificaría a la famosa Copa Mundial de la FIFA 2026.

El juego concluyó con una derrota para la selección nacional, con un marcador de 3 a 2. Panamá obtuvo el mayor puntaje, y así la ‘bicolor’ despide un año más su sueño mundialista. Sería el sexagésimo noveno en el que Guatemala no logra llegar a un mundial, un evento lamentable para su afición.

En el libro «El fútbol, una peste emocional», de Jean-Marie Brohm y Marc Perelman, se explica que este deporte es una buena manera de analizar las sociedades contemporáneas. Los autores argumentan que el fútbol representa un grave problema de orden público, ya que genera expresiones de racismo y antisemitismo en los estadios, además de endeudamiento de clubes y delincuencia financiera. Todo esto, advierten, se disfraza bajo la euforia unánime y los eslóganes de la muchedumbre.

La idolatría del fútbol, según los autores, llega a ser una cortina de humo detrás de la cual se ocultan los secretos vergonzosos de una sociedad. Prueba de ello fue la actitud de los aficionados en el estadio El Trébol en Guatemala. El hecho de que los jugadores panameños experimentaran tal cantidad de insultos racistas, sin razón alguna, demuestra una erosión de los valores en la sociedad guatemalteca y una conducta absolutamente antideportiva.

El otro día, un joven aficionado de 25 años me dijo textualmente: «Eso es fútbol, no es violencia». Esta afirmación es el reflejo de un paradigma dañino, arraigado durante años en nuestra sociedad, y muestra una falta de escrúpulos al ignorar que cualquier insulto racista, homofóbico o machista es, innegablemente, una forma de violencia.

Entidades como las Naciones Unidas rechazan categóricamente los insultos de odio e invitan a la población a luchar contra este tipo de violencia hacia diferentes grupos.

Querido escucha, es nuestra labor como guatemaltecos forjar una cultura de respeto. Sin respeto, no se logran los grandes cambios en la sociedad. Luchemos contra el descontrol, el racismo, la homofobia y la violencia. Seamos, de una vez por todas, un país de paz. 

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