La firma de Paulina Castañón
A los quince años me parecía romántico regresar del recreo y encontrar mi escritorio decorado con chocolates, confeti y una rosa de algún admirador secreto un 14 de febrero. Compraba chocolates para regalarles a mis amigas y, tal vez de manera indirecta, al chico que me parecía lindo. Pero no fue hasta que viví en el extranjero que me di cuenta de que no todos celebran el Día de San Valentín como nosotros. Hoy no vengo a contarles la historia del sacerdote que casaba parejas en secreto, sino que quiero que conozcan tres tradiciones del Día de San Valentín que, a mi parecer, son completamente únicas.
El significado de febrero en la tradición romana viene de la palabra februa, que significa purificación. El 15 de febrero se celebraban las Lupercalia romanas, las cuales son consideradas el origen salvaje de San Valentín. En ellas, los luperci (sacerdotes romanos) corrían envueltos en sangre de animales sacrificados y pieles para aumentar la fertilidad. El amor no era el principal objetivo, sino la reproducción y la celebración de la llegada de la primavera. Muchas culturas han adoptado cierta inspiración en la esencia de estas celebraciones (no de los sacrificios, claro), pero sí de la idea de llevar a cabo un ritual público en el que las personas estén dispuestas a ser vulnerables y a demostrar su exposición emocional. Por ejemplo, en Sudáfrica es común que los jóvenes, el Día de San Valentín, se pinten el nombre de su pareja en la manga como símbolo de que el amor y las intenciones no se esconden.
Pero si hablamos de compartir días e intercambiar regalos, tenemos al campeón de la celebración del amor: Corea del Sur. Allí se celebran doce días del amor durante todo el año. El 14 de febrero, las mujeres dan chocolate a los hombres, quienes luego, en el Día Blanco (14 de marzo), devuelven el gesto con un regalo blanco que tenga tres veces el valor del obsequio recibido en San Valentín. No siempre se sigue esta regla, pero no estaría nada mal que la incluyéramos en Guatemala.
En Dinamarca, de una manera más misteriosa y divertida, no se regalan cartas de amor, sino cartas de broma, mejor conocidas como gaekkebrev. Estas son cartas hechas de papel, recortadas en forma de copos de nieve o figuras geométricas, que contienen un poema o una adivinanza divertida. El objetivo es descubrir quién te la ha enviado; si lo logras, esa persona tendrá que regalarte un huevo de Pascua cuando llegue la fecha. Es una manera de celebrar la llegada de la primavera, lo cual tiene mucho sentido si recordamos que Dinamarca es un país donde durante gran parte del año se vive en invierno, y que su cultura está llena de festividades dedicadas al regreso de la luz y el calor.
El amor, en cualquier religión, cultura, lugar o tiempo, siempre se ha celebrado y gozado. Cambian los rituales, los símbolos y las fechas, pero no la necesidad de sentirlo y expresarlo. Tal vez la pregunta no sea cómo se celebra San Valentín en el mundo, sino algo más simple y más íntimo como: ¿tú cómo vives el amor?