Apostemos por la cosa pública

La firma de: Paulina Briz Aceves

Hoy mi pluma digital vuelve a deslizarse sobre las páginas de Word para escribir sobre un tema que me resulta profundamente apasionante: la cosa pública. Si bien quienes me rodean podrían estar cansados de escucharme hablar del mismo tema una y otra vez, hoy les digo que me tendrán que escuchar una y mil veces más, porque entender y analizar la cosa pública y el arte que se necesita para gobernarla constituye un ejercicio del cual no puedo, ni quiero, separarme. Como diría el grupo Timbiriche, los temas políticos y yo “somos uno mismo”.

Sin embargo, he de decir que comprender la cosa pública no es tarea sencilla. Para los abogados, por ejemplo, su estudio forma parte de un proceso académico estructurado, en el que, durante algunos años, analizan el funcionamiento institucional del país y se familiarizan con el entramado jurídico que lo sostiene. En cambio, para los mortales que no provenimos del ámbito del derecho, adentrarse en este universo implica un esfuerzo adicional que requiere de mucho interés, curiosidad y una dosis constante de pensamiento crítico.

Entiendo que, para muchos, lo que ocurre en la vida pública es poco o nada interesante. De hecho, recientemente la Fundación Libertad y Desarrollo realizó un estudio de opinión en el que preguntó a un grupo de guatemaltecos cuánta importancia conceden a los asuntos públicos del país. antes de seguir, pausa un momento esta lectura y hazte la siguiente pregunta: del 0 al 100, ¿cuánta importancia le das a los asuntos públicos de nuestro país? Ahora que tienes el porcentaje en mente veamos a qué grupo del estudio perteneces. Si tu respuesta es menos al 50% podrías formar parte de ese 72% que afirmó otorgar poca o ninguna relevancia a los asuntos públicos. Por el contrario, si tu respuesta supera el 50%, ¡felicidades! Podríamos decir que eres parte de ese pequeño 27% que les concede alguna o mucha importancia.

La verdad es que, al ver esos resultados, cual Grinch en plena navidad, mi corazón se hizo dos tallas más pequeño, pero me confirmó que lo que hoy escribo es más importante que nunca. Es por esto, y claro, por muchas razones más, que si algo he hecho mi misión de vida es revertir esta tendencia: que cuando se hagan esas preguntas, el porcentaje más alto corresponda a quienes consideran que los asuntos públicos son de suma importancia. Pero para que esto suceda considero necesario que, como ciudadanos, conozcamos y comprendamos lo básico de la cosa pública.

Esa es, justamente, la intención de este nuevo espacio que se abre hoy para mí: demostrar que el conocimiento sobre la cosa pública no debe permanecer restringida a los especialistas. Todos los ciudadanos, desde nuestras distintas realidades, debemos comprender el modo en que operan las instituciones y como las decisiones que se toam dese la función pública impactan en nuestro diario vivir. Porque esas decisiones están presentes cuando vas a la tienda a comprar el pan, en la calidad del transporte público que usas, en los hospitales dónde buscan atención para tus familiares y en las aulas donde hoy se está formando el futuro de nuestro país.

Por ello, comprender cómo funciona la cosa pública, repito, no es solo de los especialistas, es algo tan tuyo y tan mío que hacernos los monos sabios que no ven, no oyen y no hablan ya no es una opción. Sé que esto puede parecer aburrido, pero quizá sea momento de darle la vuelta a la tortilla, añadirle un poco de sal y limón y que, mordida a mordida, empecemos a disfrutar más del estudio de la política y la vida pública.

Esta pluma digital no pretende imponer verdades, pero sí desea asumir una misión: contribuir a la enseñanza y comprensión de la cosa pública, para que juntos cultivemos una mirada más profunda sobre nuestro entorno político y que recuperemos el interés, la curiosidad y, sobre todo, el pensamiento crítico que nos permita formular preguntas esenciales. La primera de ellas, y quizá la más importante: ¿cómo funciona la cosa pública en nuestro país? porque, si aspiramos a mejores resultados, mejores instituciones y mejores funcionarios, necesitamos una ciudadanía informada que primero entienda para que después se atreva a redefinir lo que pasa en la cosa pública.

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