Cuando el miedo se usa para controlar

La firma de Laysa Palomo

Lo ocurrido este fin de semana en Guatemala, los motines en centros carcelarios y ataques coordinados contra la PNC,  muestra que el miedo puede operar como herramienta de control narrativo. La violencia no solo refleja un hecho o “informa”: produce efectos políticos y sociales inmediatos: parálisis, autocensura, reacciones exageradas y la sensación de que “nadie controla nada”.

Y es importante sostener dos ideas a la vez: sí, esto fue un hecho real y violento, pero alrededor del hecho también suele aparecer una segunda capa: ruido. Versiones contradictorias, lecturas polarizadas y piezas de contenido diseñadas para encender indignación o pánico. Cuando una sociedad está emocionalmente activada, conversar con calma se vuelve más difícil: se pierden matices, sube la impulsividad y es más fácil que otros empujen la discusión hacia bandos. 

En términos estratégicos, la violencia demuestra capacidad operativa, impone costos y presiona decisiones (condiciones carcelarias, traslados, prioridades de seguridad, etc.). Esa lógica no es exclusiva del terrorismo¹: el objetivo principal no es “convencer”, sino alterar percepciones y condicionar comportamientos. Que la gente actúe distinto: que se calle, que se encierre, que desconfíe, que pida salidas inmediatas aunque no sean sostenibles.

Ahí es donde entra la propaganda. Con miedo en el ambiente, el juicio ciudadano se vuelve más frágil: se reduce el espacio para deliberar, crece la preferencia por relatos simples y la conversación pública se vuelve más manipulable, ya sea por regímenes autoritarios, por redes de desinformación o por actores criminales que compiten por control territorial y simbólico.

En ese escenario, lo que “gana” no siempre es lo verdadero, sino lo que funciona. Lo que mueve emociones, divide, distrae o justifica decisiones sin el nivel de evidencia que normalmente exigiríamos. Por eso la propaganda moderna no necesita un mensaje perfecto; le basta con estar en todas partes. El modelo “Firehose of Falsehood” (Manguera de Falsedades) explica cómo la saturación, volumen, repetición y multicanalidad, puede agotar la atención, normalizar relatos y producir confusión. La consecuencia política es clara: una ciudadanía cansada discute menos, verifica menos y se retira más.²

Si además se debilitan los “árbitros” (periodismo profesional, academia, instituciones de control), crece la impunidad para quien logre imponer agenda con ruido, amenaza o desinformación. Distintos estudios sobre desinformación describen este fenómeno como un “orden de la desinformación”: un ambiente donde la comunicación disruptiva y la caída de confianza institucional abren la puerta a campañas estratégicas y a oleadas de contenido falso a menudo amplificadas por algoritmos que priorizan alcance e interacción.³

Lo más importante es recordar que estas herramientas no son de una ideología: son instrumentos de poder. Y no se activan solo en hechos violentos. El mismo patrón puede repetirse, con menor intensidad, pero con efectos reales, en debates sobre migración, salud, educación, economía o justicia: basta con que el tema toque identidad, amenaza o incertidumbre para que el miedo empuje la opinión pública hacia atajos emocionales.

Nada de esto debería ocurrir. No es “normal” que la violencia marque el ritmo de nuestra vida pública ni que el miedo se vuelva parte del paisaje. Y en medio de esa realidad, vale decirlo con respeto: detrás del uniforme hay personas. Policías que salen a trabajar sin certeza de volver, familias que esperan una llamada, compañeros que cargan el peso de lo ocurrido. Honrar a quienes murieron no es un gesto simbólico: es recordar que la seguridad no puede construirse sobre el terror, y que la vida de cualquier persona no debería ser moneda en disputas de poder.

Referencias

Kydd, A. & Walter, B. (2006). The Strategies of Terrorism.

Paul, C. & Matthews, M. (2016). The Russian “Firehose of Falsehood” Propaganda Model. RAND.

Bennett, W. L. & Livingston, S. (2018). The Disinformation Order. European Journal of Communication.

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